PEDAGOGÍA AFRICANA

 Hoy queremos comenzar felicitando a una amiga común, que en estos días ha sido mamá de una niña preciosa. Tener un hijo es siempre es una alegría. Los padres lo esperan con ilusión, se imaginan cómo será, preparan con cariño todas las cosas necesarias para su llegada. Lo imaginan sano y feliz. Pero, a veces, la realidad es distinta a lo esperado y entonces es necesario un proceso de asimilación en los padres para comprender que ese hijo tendrá en su vida una serie de condicionantes que necesitarán de una dosis extra de acogida y amor.

Cada niño, un regalo

Cada niño, un regalo

Si el niño que nace con una discapacidad lo hace en África, tendrá muchísimas menos oportunidades que un niño venido al mundo en un país desarrollado. La pobreza, la falta de medios y la ignorancia, condicionarán inevitablemente su vida. En Kakuma esto se hace patente todos los días en los tres Day Care Centres que el JRS tiene en el campo de refugiados. Por sus difíciles circunstancias, ya que no son fácilmente aceptados por la comunidad, por los otros niños, e incluso por sus propias familias, los consideramos, desde el primer momento en que llegamos aquí, como los más pobres entre los pobres. Siempre nos regalan una gran sonrisa cuando nos ven, aunque algunos de ellos ni siquiera pueden hablar. Otros, sin embargo, nos bacilan descaradamente, incluso hablando suajili. Todos son extremadamente cariñosos y por ello duele pensar que algunos padres o comunidades los puedan rechazar. Los Day Care Centres son el mejor sitio en el que estos niños pueden estar, ya que en ellos se les da comida, cuidados y una formación lo más adaptada posible a sus necesidades, dentro de la escasez de medios materiales y humanos.

Una de las actividades anuales promovida desde los Day Care Centres es un taller para padres de niños discapacitados, tanto ya acogidos en algún Day Care, como potenciales beneficiarios de este servicio. Su objetivo principal es concienciar a los padres y líderes comunitarios sobre la realidad de las discapacidades mentales. No quisimos dejar pasar la ocasión de participar en este encuentro formativo, conducido por el director del JRS en Kakuma. Fue una oportunidad estupenda de descubrir la pedagogía africana y conocer un poco más la realidad familiar y humana del campo de refugiados.

Jugando con el agua

Jugando con el agua

Lo primero que nos llamó la atención fue el sentido del tiempo africano. Es algo que venimos experimentando desde que llegamos a estas tierras. Todo transcurre lentamente, sin prisas, ceremoniosamente. Así, la reunión comenzó una hora más tarde de lo previsto y nadie se inquietó. Este ritmo cadencioso va unido a la ausencia de estridencias. Los africanos – al menos los que estamos conociendo – hablan suave, bajito, acariciando las palabras. Todo lo contario a nuestra estresada y ruidosa Europa.

El auditorio era de lo más variopinto. Los padres y madres que allí se encontraban pertenecían a etnias muy diversas (somalíes, sudaneses, congoleses etc.). Esto suponía que algunos de ellos no conocían ni el inglés ni el suajili, por lo que el idioma era un condicionante importante que hizo necesaria una traducción lo más simultánea posible. La mayoría de los padres eran muy jóvenes. Algunas mujeres, casi niñas, acudieron llevando en brazos a sus bebés. Su aspecto, en general, era muy humilde. También estaban presentes algunos líderes de las distintas comunidades. Son personas especialmente significativas socialmente que tienen un importante influencia dentro de las distintas etnias por la relevancia que se les atribuye en la toma de decisiones. La formación de estas personas es fundamental por su capacidad para transformar desde dentro a las comunidades.

Preparando el taller para padres

Preparando el taller para padres

La reunión comenzó presentando la labor específica del JRS, el cuidado y acompañamiento de los niños con discapacidad mental. Esta matización era necesaria, pues muchos padres piensan que, debido al problema de sus hijos, el JRS puede facilitarles un reasentamiento preferente en otro país. Seguidamente, a partir de una imagen, se invitó a los padres a expresar las emociones sentidas durante la espera y el posterior nacimiento de sus hijos. Todos coincidían en el sentimiento de amor y alegría. Sus hijos eran un regalo de Dios.

El director del JRS en Kakuma fue desplegando todas las técnicas pedagógicas que os podáis imaginar para mantener la atención del grupo: contacto visual, fomento de la participación, dinámicas, ejemplos reales y cercanos, distensión etc. Era todo un espectáculo, en el mejor sentido, contemplar como era capaz de conectar con aquella gente, parte de la cual tenía como principal aliciente el refresco final. Como curiosidad, algún miembro del JRS nos comentó que no les daban este refresco en mitad de la sesión porque, probablemente, se marcharían en cuanto lo tomaran.

El objetivo del taller era conducir a los padres a través de un itinerario en el que se les lleva desde la identificación de su alegría por el nuevo hijo y, al mismo tiempo, la sorpresa por la discapacidad, a la aceptación e ilusión por darles lo mejor. Esto pasa por comprender que su discapacidad es menos importante que sus capacidades. Es decir, que como cualquier otro niño tiene sentimientos, emociones, expectativas y posibilidades si alguien, con la paciencia necesaria, le acompaña en su proceso. Esto implica desmontar muchísimos prejucios que llevan incluso a ocultar a estos niños aislándolos del resto de la comunidad por vergüenza. También implica superar, con la mayor delicadeza posible, conceptos ancestrales como que el brujo o mago es capaz de curar mediante ritos estas discapacidades.

Con voz propia

Con voz propia

La participación fue muy activa, a pesar de la ausencia total de tecnología. Folios, cartulinas, rotuladores y el escaso mobiliario de la sala, consistente en unos pocos bancos, sirvieron para transmitir un mensaje cargado de vida, posibilidades y esperanza. Está claro que la creatividad puede suplir en buena medida la carencia de medios. Jocosamente comentábamos entre nosotros que, si al director del JRS en Kakuma le dieran un mínimo de tecnología, sería capaz de montar una lanzadera espacial en pleno campo de refugiados. Tal es su capacidad para entusiasmar y movilizar a la gente.

Esta mañana asistimos a una sesión de evaluación del presente curso y preparación del próximo para los counsellors (acompañantes) de la comunidad. Trabajaron en grupos analizando las cosas que marchan bien, las que consideran que es necesario mejorar e hicieron propuestas de futuro. Se dividieron en cuatro grupos, uno formado íntegramente por mujeres. La coordinadora nos explicó que prefería ponerlas a trabajar por separado para incentivar su participación, ya que en un grupo de hombres es muy difícil que les dejen hablar. ¡La fuerza de la tradición machista!

A media mañana se hizo un breve descanso para tomar un refresco. Coincidimos en el exterior del local con otras personas que también tenían una reunión formativa en un lugar colindante. Al vernos compartir un refresco, se sorprendieron. Aquí en África los envases son de medio litro y con uno teníamos suficiente para los dos. Les explicamos que en España los botellines son más pequeños. Se echaron a reír y nos dijeron que, precisamente en África los hacen más grandes porque aquí todo el mundo comparte lo poco o mucho que tiene con los demás. De hecho, nos ofrecieron medio huevo cocido que estaban comiendo. Nos pareció una buena filosofía de vida.

Puesta en común

Puesta en común

Finalizado el descanso, se inició la puesta en común.Las aportaciones fueron ricas y dinámicas. Nuevas ideas fueron salpicando el mural que recogía las propuestas de todos los grupos. Sin duda, queda un largo camino por recorrer pero hay un trabajo muy rico de fondo que está comenzando a germinar.

 Y hablando de trabajo, habéis estado un poco vaguetes desde la última entrada de nuestro blog para proponer respuestas a nuestro ya clásico acertijo suajili, así que lo tendremos que desvelar. Una miaka mingapi­? significa ¿qué edad tienes? Nunca se lo preguntéis a un africano, si no tenéis con él/ella demasiada confianza. Lo consideran una falta de respeto. Bueno, en Europa sucede un poco lo mismo, al menos con las mujeres. En África es peor con los hombres.

Aquí va el próximo acetijo, a ver si os aplicáis un poco más, aunque muchos estéis de vacaciones: Jana tuliona nyoka. Pista: Se trata de otro animalejo con el que, para variar, se encontró Nacho. Esta vez no hay foto, porque os impresionaríais. Ahí queda eso.

 Tere y Nacho.

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