Hola de nuevo, muchach@s. Aunque hemos tardado un poquito, aquí estamos para contaros más cosas de esta experiencia tan especial.

Mujer turkana
Este fin de semana hemos estado fuera. Nos fuimos de excursión al Lago Turkana, un sueño para nosotros. No fue una simple excursión, sino una convivencia anual de todo el equipo del JRS. Ya que nosotros estábamos aquí, tuvieron el detalle de anticiparla para que pudiésemos participar y conocer este lugar.
El Lago Turkana se halla en el norte de Kenia, a más de 200 Km de Kakuma. Es una zona remota, habitada mayoritariamente por la tribu que da nombre al Lago, y de gran belleza. El núcleo de población más importante entre Kakuma y el Lago Turkana es Lodwar, localidad un poco más grande que Kakuma y que, por lo menos, sale en el mapa. Poco después de Lodwar, la carretera desaparece y se accede al Lago a través de pistas de tierra prácticamente invisibles.

Niños en el Lago Turkana
Las chozas de los Turkana salpican un paisaje árido, casi desértico, en el que abundan los camellos. Por cierto, ya hemos comido carne de este animal. Es bastante tierna y sabrosa. Tiene cierta similitud, salvando las distancias, con la ternera gallega. Aunque a nosotros nos pareció sabrosa, mucha gente de esta zona no consume carne de camello pues considera que es un animal sucio; esto hace que sea barata.

Mercadillo Turkana
En otras ocasiones hemos hecho referencia a los turkana pero a estas alturas ya hemos tenido la ocasión de encontrarnos con ellos más de cerca. Considerados belicosos y no muy bien vistos por el resto de las etnias, son oriundos de esta zona del noroeste de Kenia. Reclaman más atención del gobierno, pues la presencia de muchos refugiados en la zona, y su primitivo modo de vida, hacen de ellos una etnia marginada. Su aspecto físico es sorprendente, inquietante al principio. Por su originalidad, resulta fácil identificarlos. Muy altos y delgados, llevan el pelo rasurado y se adornan con pendientes y collares muy llamativos. Los hombres llevan siempre con ellos un pequeño banquito y un bastón. Las mujeres, al casarse, se adornan con vistosos collares que realzan su largo cuello. Tanto hombres como mujeres se visten con túnicas de brillantes colores bajo las cuales no llevan nada (de verdad, damos fe de ello…). Su sociedad es absolutamente machista. Las mujeres se encargan de todas las tareas del hogar, atienden a los hijos, e incluso realizan trabajos fuera de la comunidad. También elaboran pequeñas piezas de artesanía que después venden. Los hombres sólo se dedican al pastoreo o a la pesca y pueden tener tantas mujeres como puedan mantener. Resulta llamativo e incluso doloroso desde la visión de un occidental, ver a pequeñas niñas turkana cargar con enormes cubos de agua, mientras sus hermanos varones juegan despreocupados. O a mujeres embarazadas llevando enormes pesos mientras sus maridos caminan a su lado, sin mirar siquiera para ellas.

El Arca de Noé
Algunos turkana, sin embargo, han podido asistir a la escuela y recibir formación, lo cual les ha posibilitado insertarse en el resto de la sociedad. La labor de los misioneros ha sido fundamental en este sentido. Así, hemos tenido ocasión de charlar con dos jóvenes turkana que trabajan respectivamente como jardinero y vigilante de seguridad en el campo de refugiados de Kakuma. Resulta interesantísimo escucharles hablar de su cultura. Lo hacen al mismo tiempo con orgullo y con la capacidad crítica que les posibilita el haber accedido a la educación. Es una delicia oírles contar cómo entiende su etnia el matrimonio o la relación con los mayores. Denostados por unos, defendidos por otros, los turkana son una comunidad que da identidad a esta parte de Kenia.
Llegamos al Lago cuando estaba anocheciendo, con una de las puestas de sol más hermosas que hemos visto en mucho tiempo. Apenas había visitantes en la zona, por lo que la tranquilidad era casi absoluta. La ausencia de nubes y de contaminación lumínica nos permitió contemplar un cielo espectacular salpicado de estrellas. La temperatura suave y la alegría del grupo hicieron que la velada se prolongara hasta altas horas de la madrugada. Los compañeros africanos nos obsequiaron con algunas canciones típicas de la zona que entonaron con no demasiada fortuna. Por aquello de dejar alto el pabellón español, Nacho hizo su contribución folkclórica interpretando un clásico de la canción española: ¡Que viva España! Debió de hacerlo bien, pues el público pidió más.
El sábado y el domingo transcurrieron tranquilamente entre baños, conversaciones y paseos. El objetivo de convivir y descansar se cumplió ampliamente. Tan sólo algún “efecto colateral” del sol se dejó sentir entre los “muzungus” (blancos). Éramos sólo cuatro, y todos acabamos, a pesar de la crema de protección solar, como tomates. Como nota curiosa, cabe destacar la frescura de la comida. Los pollos que nos zampamos para comer el sábado y el domingo llegaron vivitos y cacareando. Pasaron a mejor vida instantes antes de ser metidos en la olla. Nos dieron cierta pena, pero estaban buenos.

La comida está (casi) servida
La excursión del fin de semana nos sentó de maravilla, así que esta mañana acudimos repletos de energía a la reunión de coordinación de todos los lunes. Hoy nos resultó menos monótona que el lunes anterior. Además, tuvo lugar algo muy especial: la despedida de Yusef (nombre ficticio). Yusef es un councellor muy experimentado que ha pasado los últimos 18 años de su vida en Kakuma. LLegó como refugiado de su Etiopía natal con algunos estudios de psicología y fue testigo de la llegada del JRS a Kakuma. Muy pronto sintonizó con su estilo y entró a formar parte del equipo. Hace una semana supo que, posiblemente, lo reasentarán junto con su familia, en Canadá, EE.UU, o Australia. No sabe cuándo se irá, pues estas cosas se llevan muy en secreto y se les comunican a los refugiados tan sólo con un día de antelación por motivos de seguridad. Es posible que la de hoy fuese su última reunión, así que le pedimos que nos dirigiese unas palabras. Habló con sencillez, humildad y agradecimiento. Comenzó diciendo que llegó al JRS por vocación y no tanto por el incentivo económico (pequeño salario que en aquel momento no llegaba a los 1000 chelines kenianos mensuales = 10 euros). A lo largo de los años, trabajó en todos los proyectos del JRS, apoyando donde se le pidió. El JRS es para él, nos decía, su familia. Todo lo que le ha dado, ahora le toca a él devolverlo, allá a donde vaya. Ya que, como dice él: “Soy feliz haciendo felices a otros, su sonrisa es para mí la mejor recompensa a mi trabajo”. Por eso, aunque lo llamaron de otras agencias para trabajar para ellos con mejor salario, nunca quiso. En JRS sentía que se enriquecía espiritual, psicológica y físicamente, a través de los directores y personas que fueron pasando por Kakuma a lo largo de estos 18 años. Hablaba dirigiéndose particularmente a los más jóvenes, a los que llevan menos tiempo trabajando en el JRS, dejando muy clara cual debe ser la motivación para trabajar en él. Sin duda le escucharon atentamente, pues este hombre transpira serenidad y realización personal; una profunda paz interior. El silencio en la sala de reuniones era total y a algunos la emoción nos puso un nudo en la garganta. Aunque no ha sido el único testimonio que nos ha impactado hasta ahora, hoy, mientras Yusef nos hablaba, nos olvidamos de que era un refugiado, pues sólo veíamos a una persona de extraordinaria calidad humana.
Como veis, estos últimos días han estado llenos de emoción y aventura. Pero ahora es hora de volver a los acertijos. Napapenda hapa significa, como algunos de vosotros habéis acertado Me gusta este lugar. Refleja nuestros sentimientos. Y como de sentimientos va la cosa, os retamos a que encontréis el significado de esta maleducada (en el contexto africano) pregunta: Una miaka mingapi?
Un saludo para tod@s,
Tere y Nacho
20 julio 2009 at 21:53
Hola Nacho,
Intento seguir vuestro periplo y me recuerda mucho a mi último trabajo en Uganda en tierras vecinas a los turkana, frontera con territorio “enemigo” karimojon. Os copio un texto que elaboré en su día (hace ya unos 5 meses), quizá un poquito largo:
Karimojon, Uganda, Febrero de 2009:
(…) he disfrutando de esta tierra tan bonita, con gentes tan pintorescas y embrutecidas.
¿Habéis leído “El Antropólogo Inocente”? Su lectura es altamente recomendable. Es una historia real sobre un antropólogo británico que se estrena en su primer trabajo de campo conviviendo 2 años con una tribu de Camerún.
Aquí en la zona norte de Uganda, cerca de Sudán y Kenya, los karimojon me recuerdan mucho a las experiencias contadas el británico. Son una sociedad del neolítico que vive del pastoreo, similar a los turkana o masai. Los niños cuidan del ganado desde los 5 años. Nada de escuela, todos analfabetos. Cuando son adultos y comienzan a hormonarse o a sufrir congestión testicular, se colocan un sombrero con una pluma que indica que buscan hembra (mujeres). Las futuras esposas se cotizan y se compran o intercambian por cabezas de ganado. De ahí viene que haya tanto robo de ganado. Es este tipo de hurto lo que causa tantos brotes de violencia entre clanes y tribus. Han asumido la modernidad sólo para el uso de armas de fuego. La emprenden a tiros para defender sus cabras y vacas. Y es que les va la reproducción de la especie en ello. Es habitual oir disparos y ello obliga a extremar las medidas de seguridad (localización constante por radio, nunca viajar sólo, guardia de seguridad). El ganado es su sustento, como el dinero para los occidentales. El ejército ugandés intenta desarmarlos empleando también métodos violentos.
Las mujeres post-adolescentes ya casadas comienzan a parir desde muy temprano. Para lograr unos 5 hijos vivos deben sufrir unos 10 partos. La mortalidad es muy elevada. Suelen morir por enfermedades evitables, violencia y por el alto consumo de alcohol. Destilan bebidas que consumen como si fuera un alimento básico. Hasta las mujeres embarazadas y los lactantes a través del pecho, consumen a diario estos brebajes. La prematuridad, el bajo peso y otros problemas del desarrollo infantil son la consecuencia. El efecto del alcohol reduce la sensación de hambre y la abstinencia y dependencia perpetúan el consumo crónico. Los extranjeros coincidimos en que es la gente más guarra que hemos visto en nuestras vidas y el pestazo es impresionante. Las clínicas móviles (consultas médicas a zonas sin acceso a la salud) se reducen en un 90% a tiñas y problemas de higiene.
Sufren periódicamente del “hunger gap” o hambruna estacional por motivos climáticos. La supervivencia se basa en pillar lo que pueden de UNICEF, del WFP (Programa Mundial de Alimentos) o de las ONGs. El Pumplynut está de moda. Es un preperado artificial bastante caro e importado de Europa que ha mostrado gran eficacia en remontar la malnutrición. Su éxito se basa en su aceptación cultural por su composición basada en el cacahuete. Esta tierra semidesértica no produce más que escasa carne dura de ganado raquítico. Menos mal que la sequedad y la altitud (> 1500 m) no favorecen otras dolencias tropicales relacionadas con la humedad.
Es muy difícil plantearse qué hacemos unos blancos con tecnología y “desarrollo” intentando ayudar a este tipo de sociedades prehistóricas tan herméticas e innacesibles. El relativismo antropológico se rebelaría ante los efectos colateral de la “ayuda” que suponen cambios culturales relevantes. Preservar cierta identidad cultural que da sentido a sus vidas es algo que pocas veces se plantea cuando intervenimos en “desarrollo”. Tanto los extranjeros como el mismo Gobierno de Kampala somos extraños en un mundo extraño. Este mundo extraño está compuesto por gentes que también tiene su derecho a decidir cómo enfermar y morir. Este derecho es aún más pertinente, precisamente, cuando el impacto (nulo o negativo) de los proyectos o programas de desarrollo es más que cuestionable.
22 julio 2009 at 19:07
Hola Al,
Qué alegría, verte por aquí. Y qué interesante lo que cuentas de los karimojons, su vida “primitiva” y tu reflexión sobre su relación con el desarrollo. Según leía sobre sus costumbres me parecían muy parecidas a las de los turkanas de aquí. El conocimiento que estamos teniendo de ellos es, sin embargo, un poco distinto al que has podido tener tú como médico acostumbrado a lidiar con agencias humanitarias y ONGs. Desde luego parecen muy primitivos y aferrados a sus tradiciones. Pero también hemos encontrado otros, pocos y jóvenes, es cierto, que han tenido la oportunidad de estudiar y van abriéndose a otros horizontes: no son pastores, ni llevan sombrero con pluma. En Kakuma pueblo hay un internado para niñas turkana que llevan unas religiosas. Aparte del curriculum nacional (no sé si completo), aprenden nociones básicas de contabilidad (por si quieren empezar un pequeño negocio, aunque sea de artesanía), horticultura (para enriquecer su dieta), trabajo doméstico, y otras cosas útiles totalmente ausentes en su cultura e imprescindibles si es que desean llevar otro tipo de vida. Aunque son verdad algunas de las cosas que cuentas, creo que otras habría que matizarlas. Supongo que un factor que ha hecho que los turkanas se tengan que enfrentar al mundo moderno (aceptándolo o no) ha sido precisamente la creación del Campo de Refugiados de Kakuma en 1991. Antes de ese momento la zona era bastante inhóspita y no creo que las agencias humanitarias, quizá ni el gobierno, se preocuparan mucho de sus habitantes. Lo que sí se respira en la zona es un cierto aire de conflictividad. Aunque aprovechan la presencia del Campo para negociar con los refugiados, los turkanas no lo pidieron y no creo que nadie les consultara cuando se decidió que allí se abriría un campo de refugiados para acoger a unos 100.000, venidos de 9 ó 10 países distintos. Cada cierto tiempo surgen escaramuzas aquí y allá, la última tan sólo hace dos semanas en Lodwar, en las que los locales se agrupan bien para defenderse de lo que entienden es una agresión externa (trabajadores keniatas asentados en estos pueblos/ciudades), bien para reclamar del gobierno más ayudas, pues sienten que todas van para los refugiados y a ellos se les olvida. Entre las agencias humanitarias se tiende a pensar que son belicosos, bruscos, brutos y que no atienden a razones. Un misionero holandés que me encontré en Lodwar y con quien pude hablar tan sólo 10 minutos me dio otra perspectiva totalmente distinta: a él le parecía que se estaban haciendo verdaderas injusticias con ellos, aunque se cuidó mucho de criticar a las agencias humanitarias o a los refugiados. Parecía que se refería más al gobierno. Lo cierto es que la hosquedad que encontramos en turkanas vestidos al modo tradicional ha desaparecido completamente en aquellos que han ido a la escuela. Supongo que hay que dejar la puerta abierta al cambio a través de la educación.
Te respondo tan sólo desde lo que he visto y oído aquí. El debate es interesante y animo a quien tenga información y/u opinión a que se anime a participar. Un abrazo muy grande para ti, Alberto. Por cierto, he escuchado por la tele que hay conflictos que pueden llegar a ser serios en Sudáfrica. Espero que Gloria esté bien. Un besote para ella.
Nacho
22 julio 2009 at 22:29
Hola Nacho,
La complejidad de los conflictos es enorme por lo que tienen de contextual y multifactorial. Cuando trabajo en estos sitios, siempre insisto en que hay que ser antes antropólogo (relativismo) antes que cualquier otra profesión para intentar comprender algo.
Otros tópicos en la cooperación son las desavenencias crónicas entre misioneros, NGOs religiosas, de USA, otras más “independientes” y, por supuesto, todos contra las grandes agencias de UN (burócratas teóricos de insultantes salarios).
En todo este lío hay un asunto que me exaspera: la frecuente ausencia de evaluaciones externas de los proyectos y la frecuente ignorancia de los donantes en cuanto a resultados de impacto de la ayuda. Se suelen obviar los “efectos secundarios” o negativos que tiene toda ayuda o injerencia. Investiga este tema con cierta crítica y objetividad… puede ser muy interesante.
Muchos abrazos,
Alberto.
21 julio 2009 at 10:00
Aprovecho esta mañana de tranquilidad durante la guardia de violencia de género para introducirme de nuevo en el continente africano y deciros que, sorprendentemente, y apesar de que nuestras leyes en materia de igualdad son las más avanzadas del mundo, algo está fallando en la práctica. La conquista por el estado del bienestar nos está llevando a un sistema con demasiadas disfunciones. Sé que es un poco profundo. Es una reflexión encaminada a entender lo que estais viviendo en Kenia con respecto a la posición social de la mujer. No cometamos el error de caer en la autocomplacencia. Parqa que os pongais un poco al día de lo que acontece aquí, en un periodo breve de siete días se han producido dos agresiones sexuales a dos niñas menores, ambas con las mismas características. Un grupo de 6 niños, con edades comprendidas entre los doce y los veitiún años violan a una niña. El defensor del menor anuncia lo que algunos que trabajamos en temas de violencia de género venimos detectando desde hace tiempo. Se está produciendo un rebrote de la violencia machista en grupos de edades, incluso por debajo de la eded penal, lo que conlleva que se van para su casa como si no pasara nada. Se habla de una reforma de la ley penal del menor, ley muy mal enfocada. Hay quien apunta que es un problema de educación. Este rollo viene al hilo de vuestra experiencia en Kenia y lo que relatais, que no es justificable y que indigna.
Tenía una duda pero ya se ha despejado. No sabía si la que escribías eras tú Tere o Nacho. Comprobé que eras tú. Chapo para las fotos y la redacción tan depurada. Es una lástima que no publiques un diario en el cole o en algún periódico con vuestras experiencias en Kenia. Son maravillosas. No os pedimos que traigais carne de camello porque sería demasiado exigir. A pesar de que te hayas quemado un poco Tere, se te ve estupenda rodeada del grupo de nativos observando collares. Veo que Nacho, no sé si despues de los comentarios acerca de sus poses a lo Robert Reford te ha cedido el protagonismo. Confesarte que aquí nos morimos de envidia, a pesar de los riesgos que correis y que nos dan un poco de miedo a veces, poque yo sigo enviando orreos en mi línea de siempre, la Cris con unas ganas de vacaciones y un poco agobiadilla también y la Loli de supermamá con el Lucas, que es una monada. Eso sí na expesión saíu ó seu pai.
Besos y mucha suerte en vuestro maratón final. Dile a Nacho que no se corte que puede seguir posando y a ver si se os ve un arrumaco cariñoso, que Tere está bien que los dejes para los momentos de intimidad pero una foto romántica no está de más. A ver dónde me meto cuando me presentes a Nacho. Ya sabes que en el fondo me corto
23 julio 2009 at 12:28
HOLA CHICOS SOY MILA, LA DE PACO, SE ME HAN PUESTO LOS PELOS DE PUNTA DE LA EMOCION QUE HE SENTIDO AL LEER VUESTRA ULTIMA EXPERIENCIA EN LOS CENTROS DE FORMACION Y CUIDADOS ( bueno no he traducido corectamente)pero me entendeis. AL CONTAR LAS VIVENCIAS DE LOS PADRES TENGO LA IMPRESION DE QUE TIENEN GRANDES DOSIS DE ESPERANZA, ALGO QUE AQUI NOS FALTA, CON FRECUENCIA NOS DESESPERAMOS Y PENSAMOS EN NEGATIVO. DE LA REALIDAD DE LOS NIÑOS DEFICIENTES NO SE HABLA CUANDO NOS REFERIMOS A LOS PROBLEMAS Y NECESIDADES EN AFRICA, LA VERDAD ES IMPRESIONANTE. POR FAVOR SEGUID CONTANDONOS LO QUE VIVIS. UN GRAN BESAZO. POR CIERTO VIMOS A CANDELA Y A SU MAMA SITA , ES PRECIOSISISMA.
24 julio 2009 at 9:28
Mila, gracias por tu comentario. Es verdad que aquí hay mucha esperanza, pero es un poco distinta a la nuestra. Cuando en Europa se habla de esperanza, pensamos en un tratamiento muy completo que lleve a la mayor integración social posible. Aquí es diferente: la prioridad es la supervivencia. No hay conciencia de las posibilidades de tratamiento. A nosotros se nos cae el alma a los pies porque sí conocemos algo. Sabemos que esos niños no tendrán la oportunidad de recibir lo que para nosotros sería una asistencia idónea. Hay ignorancia e ingenuidad. Cuando los padres llevan al niño al hospital para que lo diagnostiquen, esperan que les receten una medicina que los vuelva “normales”. Es una actitud idealista que no les lleva a ningún lado. Precisamente una de las labores de los Day Care Centres es ayudar a los padres a tomar conciencia haciéndoles así más realistas. Los niños son muy queridos y se trata de que se les quiera como ellos necesitan, “a su ritmo”. En un Campo de Refugiados como este las familias tienen muchos hijos y la dureza de las circunstancias hace que los niños, aunque muy queridos, sean pronto independientes (menos cuidados que en Europa, o cuidados de otro modo). En este contexto, un niño con una discapacidad es mucho más vulnerable y dependiente. En el fondo es una carga muy grande para los padres y la comunidad. Pero eso es precisamente lo que hace su cuidado tan meritorio.
NOS ENCANTA SABER QUE LO QUE OS CONTAMOS OS INTERESA Y OS GUSTA. Gracias. Un beso muy grande,
Tere y Nacho